GONZALO ORQUÍN |
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Nacido en Sevilla en 1982. Desde 2004 vive y trabaja en Roma |
| 2008 | Foemina, Il seno nell'Arte. Fondazione Veronesi. Milano |
| 2008 | "La poesia del corpo" Galleria Chiari. Roma |
| 2008 | Werkstatt Galerie. Berlin |
| 2008 | Percorsi d'immaginazione. Miti e maestri. Convento di San Francesco. Giffoni Valle Pisana. Salerno |
| 2007 | TOMOGRAFIE DI CORPI MIGRANTI. Sei giovani artisti al Murgia Film Festival. Gravina di Puglia. Bari |
| 2007 | Palazzo della Ragione. Milano |
| 2007 | 58º Edizione Premio Michetti. Fondazione Michetti. Francavilla al mare. Chieti |
| 2007 | "Natures Vives" Galerie Myriam Haas. Paris |
| 2006 | Exposición personal “Espejo Romano”. Studio Andrea Gobbi Roma. XXXIII Rassegna Internazionale D'Arte Contemporanea "Premio Sulmona". Polo Museale Civico Diocesano Sulmona. Italia. "Papir" Opere su carta di Elisabetta Diamanti e Gonzalo Orquin. Libreria Agave Roma. |
| 2005 | Colección de dibujos expuestos en la galería WA. BE 190 ZA Italy en Roma. |
| 2003 | Exposición colectiva “Rastrillo de Nuevo Futuro”. La Excelentísima Duquesa de Alba es la presidenta honoraria. |
| 2002 | Exposición colectiva en la Sala San Hermenegildo. Sevilla |
| 2000 | Participa en el Proyecto “Comenius Action One de la Unión Europea” (1999-2003) realizando acuarelas, expuestas en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid y Sevilla. Exposición colectiva en la Galería Antigüedades y
subastas de Sevilla “Pintores Noveles” en Sevilla |
| 1999 | Participa en su primera exposición colectiva en el Patio de
Banderas del Real Alcázar de Sevilla con motivo del Cuatrocientos
Aniversario del nacimiento de Velázquez |
| Además posee numerosas obras en colecciones privadas y públicas como en el Museo Taurino de El Parmar, en la Orden de San Juan de Dios en Sevilla y en el Museo Arqueológico de Sevilla. |
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GONZALO ORQUÍN ENTRE EL DRAMA Y EL DESEO Por Alessandro Riva |
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El verdadero núcleo de la poética
de Gonzalo Orquín parece recrearse en un misterioso lugar mental,
aparentemente inexistente, fuertemente ideal, de extraña suspensión
del tiempo -el lugar de la pintura por excelencia después de todo-,
sin embargo es extrañamente real, cotidiano; un lugar que existe
no se sabe dónde, aquí y ahora, hic et nunc, donde se mezcla
vida cotidiana y sentido teatral, intimismo y memoria, ilusionismo y sentido
trágico, referencias a la pintura clásica ( básicamente
una: su gran amor por la pintura de Velázquez), citas del imaginario
cinematógrafo contemporáneo, vida sólo imaginada,
miedo y éxtasis, alegría pura y en el fondo un dolor vago,
nunca esclarecido del todo, que nos pilla de improviso, nos aprieta la
garganta y no sabemos por qué. La tradición a la que mira Gonzalo Orquín es la del realismo español de los siglos XIX y XX, indiscutible pero también la de los siglos XVII y principios del XVIII, con su sentido de lo trágico, del éxtasis, de la teatralidad y del disfraz, con sus escenas de la vida diaria, los retratos de una época, las moradas, los trajes, los oropeles e inesperadamente el surgir de un drama, el dolor, el delirio, el tormento verdadero o imaginado, pintado o teatralizado. Recrea la tradición del realismo del Novecento, con absoluta fidelidad a la sencillez de las pequeñas cosas –un sofá-cama, un suelo de baldosas de colores, el quicio agrietado de una ventana, la tapicería vistosa de un sillón, en suma los elementos que nos circundan cada día y a los que frecuentemente ya no hacemos caso – que se convierten en los accesorios sólo aparentemente banales de una gran composición total; un gran puzzle formado por cuadros, dibujos, bosquejos, suma del universo mental del artista que se entrevé detrás de cada cuadro como una filigrana. Los elementos que sirven de fondo a la dimensión mitológica de nuestra vida, son convidados de piedra de una comedia que amenaza siempre con volverse drama; en un rincón de una habitación perfectamente iluminada por una luz cortante y teatral que solo se encuentra en los platós de los grandes directores y en algún instante de metafísica realidad doméstica. Los gestos, los movimientos y los diálogos mudos de los protagonistas de esta comedie humaine pictórica y teatral poseen, de hecho, una fuerza extraordinariamente metafórica; aparecen como símbolos de inquietud, de palabras no pronunciadas, de sentimientos reprimidos, de pensamientos y emociones enganchadas en la dimensión vacilante del inconsciente o de la memoria. El dedo apuntando sobre el pecho de un muchacho anónimo, justamente a la altura del corazón, nos recuerda gestos de pintura sacra –in primis la iconografía del Sagrado Corazón de Jesús- aunque también la torsión moldeable de un joven y contemporáneo Ícaro –retorcimiento enteramente manierista o barroco- suscita la venida a la mente de las contorsiones del cuerpo de Cristo (éxtasis y dolor precisamente) en las Deposiciones renacentistas y barrocas, así como el cuerpo abandonado del muchacho en cualquier escena de pareja, après l’amour, en un pequeño interior burgués de un anónimo apartamento de hoy día. También recuerda los muy atormentados y abandonados cuerpos de los mártires cristianos dentro de la iconografía religiosa, o la de Cristo en la Piedad. Es por ello que el terreno sobre el que se mueve la pintura de Gonzalo Orquín es aquél, bastante resbaladizo pero fascinante, de la poesía de lo cotidiano, donde se mezcla la nostalgia –un paisaje, una suposición de árboles en la lejanía, un escorzo de tejados de Roma o aún la oscura silueta de alguien que duerme en la penumbra de una tarde de principios de primavera-, con el retorno incesante y continuo a nuestra memoria histórica, religiosa, filosófica, de la vuelta a aquella confluencia de memorias y sugestiones que conforman nuestra cultura más profunda y ancestral sobre la que hemos crecido, de la que nos hemos empapado, en la que se mezcla nostalgia y belleza, éxtasis y dolor, placer y culpa, drama y deseo. |
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RETRATO DE LA PINTURA Por Claudio Nigro Messias |
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A golpe de vista la obra de Gonzalo Orquín parece querer superar
el umbral de lo post-moderno hacia algo nuevo, o hacia algo muy muy antiguo.
Indefinible no sólo por lo que concierne al nombre de la corriente
a la que pertenecerá, sino también por las “garantías”
que el joven pintor parece poner sobre la pared.
Claudio Nigro Messias |
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